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Síndrome postvacacional en niños, un problema que llega con el final del verano

Cuando a muchos todavía nos parece que solo está empezando, lo cierto es que el verano terminará pronto y con él muchas cosas. Una de ellas son las vacaciones que nos dejarán un sinfín de recuerdos cargados de melancolía. Además, llega la hora para todos de enfrentarse de nuevo a la rutina. Cuando decimos para todos es porque dentro de quienes tienen que incorporarse al mundo real se encuentran también los más pequeños. Por eso y porque en muchas ocasiones son los grandes olvidados en este sentido, te contamos cómo los niños también se enfrentan al temido síndrome postvacacional…..
El síndrome postvacacional
En primer lugar, tenemos que señalar que el síndrome postvacacional aún no se encuentra reconocido como una enfermedad en la mayoría de las clasificaciones a nivel mundial. De hecho es un término que no se ha empezado a utilizar hasta estos últimos años, aunque desde luego no podemos afirmar que sea un problema nuevo solo porque no estuviera diagnosticado.
Los expertos no se ponen de acuerdo acerca de si no se conocía o simplemente no existía. Quienes piensan esto último achacan el síndrome postvacional al ritmo de vida que llevamos en la actualidad. Tampoco todos los profesionales tienen claro si se puede hablar de una enfermedad o de un período normal que necesitan algunas personas para adaptarse de nuevo a la rutina.
Es precisamente cuando la persona no consigue habituarse a la actividad cotidiana cuando se produce un estado que presenta una sintomatología bastante definida, aunque como en cualquier otra enfermedad o padecimiento son distintos en cada persona. Un aspecto que hay que tener en cuenta, tanto si se trata de un adulto como si hablamos de un niño, es que podemos enfrentarnos a síntomas muy diferentes, pero similares a los de cualquier otra depresión temporal.
El síndrome postvacacional en los niños

Según un estudio elaborado por la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria el síndrome postvacional afecta a entre el 5 y el 8% de todos los niños. Como resulta lógico el padecimiento tiene una mayor incidencia en aquellos pequeños cuyos padres también manifiestan este tipo de síntomas. Hay que tener en cuenta que el problema para el niño no será solo el final del verano y de las vacaciones, sino además la vuelta al colegio. No olvidemos que durante más de dos meses el niño ha gozado de una vida muy distinta a la que llevará durante el año académico. Ha disfrutado de una agradable libertad relativa, apartado de los horarios rígidos que conlleva el curso, las largas tardes haciendo deberes o la presión por conseguir unos buenos resultados. En su mente se termina lo bueno y por así decirlo empieza lo malo.
Veamos ahora que síntomas presenta esta enfermedad en los niños:
• Llanto injustificado. Notaremos como nuestro hijo llora por cualquier cosa, porque le mandemos a recoger su cuarto o porque se pelee con su hermano. Además, el llanto puede ser muy diferente, desde la pataleta más propia de otras edades hasta hacerlo con una melancolía también impropia de su edad. Lo peor de todo es que ni tan siquiera podrá explicarnos el origen de su tristeza.
• Apatía. Vamos a percibir que a nuestro hijo pocas cosas le hacen ilusión, no tiene ganas de nada y mucho menos de reemprender las clases. Si otros años se sentía ilusionado pr comprar los libros y el resto del material escolar, ahora parece que todo le da igual.
• Problemas digestivos. Comenzará por no tener apetito, aunque en algunos casos puede calmar su ansiedad con la comida. Después es probable que padezca náuseas, vómitos o diarrea.
• Trastornos del sueño. Dependiendo del pequeño, a algunos les costará especialmente conciliar el sueño, padeciendo incluso insomnio, mientras que otros solo querrán dormir, ya que será su vía de escape.
• Cambio de carácter. Resumiendo todos los puntos anteriores nos percataremos principalmente de que nuestro hijo presenta un sustancial cambio de carácter. Se muestra irritable, se enfada sin motivo y nos da contestaciones que jamás le habíamos escuchado.
La situación puede revestir una gran complejidad, pero no debemos dejarnos vencer por ella. Nuestra actitud será crucial para que nuestro hijo supere cuanto antes este trance.
Que podemos hacer para que nuestro hijo supere el síndrome postvacacional

Es fundamental que los padres seamos conscientes de que nuestro hijo no es el culpable de encontrarse así, sino por el contrario es quien se está llevando la peor parte. Si hemos percibido que el niño está atravesando una depresión postvacacional tenemos que procurar mantenernos serenos y escuchar sus sentimientos, aunque no sea capaz de verbalizarlos, estar atentos a las señales en estos casos sirve para que escuchemos palabras que no saben cómo pronunciarlas.
Huyamos de comentarios como “lo que te pasa es una tontería”,” tienes que intentar estar bien” o “si tú supieras lo que son los problemas”. Solo conseguiremos hacer un daño innecesario a nuestro hijo. Si utilizamos la empatía y le mostramos con palabras y acciones que entendemos como se siente, será un alivio para él.
Cuando por fin empiecen las clases comentemos con sus profesores lo que le está pasando al niño, ellos son profesionales y disponen de recursos para enfrentarse a este tipo de situaciones. Procuremos que a pesar de todas las dificultades el niño se alimente de manera equilibrada y tenga en la medida de lo posible una buena rutina de sueño.
Es muy importante que los padres afronten la situación con tranquilidad y no pierdan en ningún momento el control de la misma. Por supuesto, demuéstrale no solo tu cariño, sino también tu compresión. Enséñale cómo estás dispuesto a prestarle tu ayuda para que supere este mal momento y habla con él francamente acerca de por qué se encuentra así. Dale tú una explicación que por más que busque no podrá encontrar por sí mismo. Es cierto que en la vuelta al colegio se encontrará con algunas dificultades como abordaremos en el próximo artículo, pero con tu ayuda podrá superarlas.
Asimismo es preciso que con la vuelta a la rutina no pierda ni mucho menos los momentos para la recreación, facilita que pueda tener tiempo para el ocio y la diversión. El entretenimiento debe ser parte importante de su vida; no olvides incluir actividades en el exterior.
Por supuesto acude con tu hijo a su pediatra porque él será quien mejor pueda evaluar el estado del pequeño y ayudaros a superar este mal trago, por cierto lo normal es que no dure más de un mes. Después tu hijo volverá a ser el mismo niño alegre que comenzó las vacaciones.

 

 

 

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